Tratamiento depresión

La depresión no consiste en sentirse triste o infeliz durante unos días. Todas las personas pasamos por periodos de melancolía, pero la depresión es una condición clínica reversible y quien la sufre se siente profundamente triste, desmotivada y apática durante semanas, meses o años. Afecta de manera significativa al equilibrio psíquico de la persona y a su calidad de vida, al no encontrar ésta motivos para seguir adelante, para disfrutar o superar esa etapa.

La depresión constituye uno de los principales problemas de salud por su alta prevalencia: en nuestro contexto, afecta a un 4-5% de la población, con mayor incidencia en mujeres que en hombres.

El entorno de la persona deprimida se ve afectado, al ver a un ser querido sufriendo y en ocasiones sin saber cómo apoyar. La depresión no es un signo de debilidad o algo que se pueda “dejar pasar”, y requiere un tratamiento adecuado para que la persona pueda revertir tanto el curso de su situación como las probabilidades de una recaída. La depresión se puede superar con un tratamiento adecuado.

Los síntomas de depresión más frecuentes son:

• Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día.
• Disminución acusada del interés en actividades que antes resultaban placenteras.
• Pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento rápido de peso.
• Insomnio o hipersomnia.
• Agitación o enlentecimiento psicomotores.
• Sensación de fatiga la mayor parte del día.
• Pérdida de energía a diario, apatía generalizada.
• Sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos.
• Disminución de la capacidad para pensar, concentrarse o tomar decisiones.
• Pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida o deseos de no vivir.

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El tratamiento psicológico de la depresión suele combinarse con el farmacológico para promover unos resultados óptimos. La terapia psicológica permite profundizar en los distintos problemas y preocupaciones, estableciendo un plan de caso adaptado a la persona que le permita introducir cambios tanto en su manera de actuar y de relacionarse como en su gestión emocional.

Muchas personas deprimidas se encuentran particularmente desorientadas y con dificultades para tomar decisiones, por lo que el establecimiento por parte de la terapeuta de pautas de actuación concretas y de una dirección hacia la que dirigirse resultan de gran ayuda en los momentos iniciales del tratamiento.

Es interesante explorar y comprender en fases posteriores de la psicoterapia -tras las primeras mejorías sustanciales- qué emoción se esconde tras la tristeza crónica de una persona deprimida. En incontables ocasiones, esa tristeza clínica está enmascarando una rabia tan antigua y dolorosa que a la persona le cuesta conectar con ella.

La rabia es una emoción de difícil gestión –particularmente para las mujeres- que necesita ser identificada a lo largo del tratamiento: acontecimientos pasados, sensación de injusticia, expectativas frustradas… el diálogo terapéutico y las herramientas facilitadas se centrarán en fomentar una gestión emocional funcional, que permita a la persona disfrutar de un equilibrio psicológico duradero.

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